52. ENFRENTANDO LA REALIDAD
La ferocidad en sus palabras me envuelve como un manto pesado. Una parte de mí quiere preguntar más, quiere entender hasta dónde llegaría realmente para vengarse, pero la otra sabe que quizás no quiero escuchar la respuesta.
—No tiene que hacerlo... —susurro al fin, temiendo que desate una carnicería; no se me olvida lo que leí de él en internet.
—¿No tengo que hacerlo, Lilian? —pregunta, con una mueca que no es del todo una sonrisa—. A ti casi te matan frente a mis propios ojos. ¿Y tú cre