51. LA VERDAD
Minetti alza una ceja, notando mi expresión de pánico. Por un momento, parece considerar si merece la pena tranquilizarme o dejarme sumida en mi propia incertidumbre. Finalmente, habla con ese tono bajo pero imponente que deja claro que no hay espacio para negociar.
—No te vio nadie. Y sí, te llevé. El doctor en Francia había dicho que necesitabas operación —se inclina un poco hacia mí, lo suficiente para que su presencia domine el espacio entre nosotros—. Pero Rufo dijo que no. Que solo deb