416. OBSERVÁNDOLOS DE LEJOS
ALESSANDRO:
Lilian apagó su sonrisa tan rápido como había surgido y su rostro adoptó esa expresión tozuda que tanto conocía. Inhaló profundamente, como si recordarlo le pesara más de lo que quería admitir, pero a mí me preocupaba más lo que diría. Miguel seguía insistiendo con sus gestos exagerados, completamente ajeno al peligro.
—¿Qué me hizo? —repitió Lilian, saboreando las palabras antes de soltarlas mientras lo miraba con rabia—. ¡Arruinar mi vida perfecta! Eso me hizo.
Al escucharla, sent