326. UNA CONFESIÓN DESCONCERTANTE
LILIAN:
Miré a Alessandro, que se había quedado en silencio. Parecía arrepentido una vez más de haberme metido en su mundo. Aunque, pensándolo bien, ya estaba dentro desde antes de nacer, igual que él. Aprendería todo lo que me enseñara, y eso me llenaba de confianza. Sería una muy buena observadora y también tendría que aprender a dirigir.
—Lili, te he visto en los videos que tiene Rufo de tu trabajo —dijo muy serio al ver la expresión que ponía—. Nunca dudas, y eres rápida en las más difícile