289. CONFIANZA DE HERMANAS
LILIAN:
Miré a Alessandro, cruzado de brazos, apoyándome en el marco de la puerta de la cocina, esperando una respuesta de alguien. Sin embargo, mi mamá no me respondió enseguida. Ellas me hablaban y me contaban, las dos al mismo tiempo, sus cosas, sus miedos, lo que habían hecho en mi ausencia. No se cansaban de tocarme, besarme, abrazarme y reír. Mamá me hace tomar una sopa a pesar de que le dije que ya había comido, mientras me abraza y besa seguido.
—Disculpa, Alessandro, que no te preste