Mundo ficciónIniciar sesiónLUCILA:
Rodé los ojos, pero no dije nada más. Sabía perfectamente que no valía la pena discutir con mi madre cuando estaba en uno de sus momentos de angustia y drama familiar. En cambio, volví la vista hacia Damián, que empezaba a vislumbrar a lo que se enfrentaba. Parecía como quien descubre un pozo interminable, pero, en lugar de huir, decide entrar de cabeza.
—Le prometo que amo a su hija, señora Libia, la har





