Mundo ficciónIniciar sesiónLILIAN:
Tengo que hacer que Damián deje de sospechar. Hace todo lo que le pido, viene y se sienta. Me coloco delante, sentada en la cama, le toco la frente para ver si tiene fiebre, le mido el pulso, le miro los ojos y hago que abra la boca.
—Creo que tienes la garganta irritada —digo, observándola—. Di que te hagan un té; si no hiciera este frío y estuviera tan débil para volver a bajar, iría contigo a la cocina. Me vendría bien un chocolate caliente. —Eso tiene solución, te buscaré ropa bien abrigada y te bajaré —ofrece de inmediato, no queriendo dejarme sola—. ¿Quieres? No respondo de inmediato, aunque no puedo dejar que siga desconfiando. Es mejor hacer lo que me sugirió Ale. Me siento en la cama, asintiendo con la cabeza. Pero exijo que la ropa sea muy abrigada, porque muero de frío. —¿






