Mundo de ficçãoIniciar sessãoLILIAN:
Tengo que hacer que Damián deje de sospechar. Hace todo lo que le pido, viene y se sienta. Me coloco delante, sentada en la cama, le toco la frente para ver si tiene fiebre, le mido el pulso, le miro los ojos y hago que abra la boca.
—Creo que tienes la garganta irritada —digo, observándola—. Di que te hagan un té; si no hiciera este frío y estuviera tan débil para volver a bajar, iría contigo a la cocina.






