Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl señor Minetti, al escucharme, entrecierra los ojos y se queda mirándome, petrificado. Por un segundo, creo que lo he desarmado. De hecho, puedo ver que sus manos, siempre controladas y calculadas, se tensan, formando un puño sobre la mesa. Su mirada brillante, fija en mí. Finalmente, suelta un suspiro pesado.
—Creo que mejor dejamos esta conversación para cuando estés sobria —dice, mientras aleja la botella vacía de v






