344. ERES MI ESPOSA

LUCILA:

Damián seguía mirándome fijamente sin soltar mi mano, y me hacía sentir expuesta, vulnerable. Nunca antes había besado a nadie, y lo hice porque pensé que estaba dormido y que no se iba a enterar. ¿Cómo lo miro ahora? Trato de soltar mi mano y alejarme, pero me detiene.  

—No te vayas, no importa que hicieras eso —sigue hablando mientras bajo la cabeza, escondiendo mi rostro con mi cabello. —S&e
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