184. CONVERSACIÓN CON MIGUEL
Solté un suspiro al recordar esos días. Mi adolescencia había sido caótica y, si bien me daba un poco de vergüenza mi descaro juvenil, también me provocaba una punzada de nostalgia. Eso sí, un mes cuidando a Miguel en secreto me parecía un atentado contra la lógica ahora, sobre todo porque, si lo pensaba, podría haber sido un criminal... o peor, ¡un espía de la mafia!
Casi me río de mis propios pensamientos, pero Miguel me miraba con gratitud y temor, mientras fijaba la mirada en mí. Me encogí de hombros. Lo que para él había sido una acción temeraria, para mí había sido solo un acto de caridad por mi vocación hacia la medicina. Después de todo, soy doctora. Por eso no le seguí su conversación tan seria.
—Sí, era muy cómico cómo Luci y yo te escondíamos de mamá. Nunca me has dicho qué te pasó —reí, recordando los apuros que pasábamos para esconderlo y subirle comida.
Sin embargo, Migue no se reía; siguió hablando de su vida. Se había quedado huérfano allá en Madrid, donde la