—¿Quieres que me quede? —Max repitió. Miró a Olivia como un depredador acechando a su presa con un aura dominante y posesiva.
Ambos mantuvieron una posición afectuosa mientras él yacía encima de ella en la cama de hospital relativamente pequeña.
Al mismo tiempo, Maia ardía de tanta rabia que su cuerpo temblaba.
No lo entiendo. Soy cien, tal vez incluso mil veces más bonita que Olivia. Lo que sea que esté haciendo con Max, puedo hacerlo mejor. Entonces, ¿por qué está obsesionado con ella?
—Max…—