La brisa nocturna hizo bajar la temperatura corporal de Olivia y, al mismo tiempo, ayudó a calmar un poco sus emociones.
Tan perdida en sus pensamientos, que ni siquiera se dio cuenta de que Max se abrió paso a través de la puerta.
—¿Qué estás haciendo, sentada aquí en el frío?— La voz del hombre que venía detrás de ella contenía al menos tres partes de molestia. Olivia se volvió hacia la vista de los profundos ojos de fénix de Max.
—Oh, ¿no dijiste que no volverías antes de las diez? Son solo