Olivia se limpió las mejillas de ambos reconfortantemente. —Ya que no hiciste nada malo, no hay necesidad de llorar. Menos aún de la necesidad de disculparse.
La comprensión apareció en los rostros de Robert y Vere al observar la escena que tenían ante ellos mientras recordaban la obediencia y consideración de Clayton y Noa, que contrastaba marcadamente con la arrogancia y picardía de Milton. Ahora está empezando a tener sentido. Minerva, sin embargo, no iba a dejar que el asunto pasara tan fác