RUBI MONTENEGRO
En los días que siguieron a la visita de Domenico y a aquel abrazo desesperado en el clóset, noté que mi marido había sido abducido y sustituido por un alienígena. O eso, o Ares Beckett había sufrido un cortocircuito irreparable en el cerebro.
Él estaba actuando de forma extraña. Extraña y muy adorable.
Ares simplemente no se despegaba de mí y parecía haber desarrollado un radar interno que sonaba cada vez que yo suspiraba. Si yo miraba un vaso de agua, él ya lo estaba llenando.