RUBI MONTENEGRO
Era una tarde de viernes. Estábamos acostados en nuestra cama, envueltos bajo el edredón. Ares estaba apoyado en la cabecera, pasando los dedos por mi cabello de forma rítmica, mientras en la televisión pasaban un programa cualquiera de decoración con el volumen bajo.
Me di la vuelta boca arriba y miré su hermoso rostro. Las ojeras de hospital ya habían desaparecido, y él tenía la barba perfectamente arreglada de nuevo, oliendo a esa loción para después de afeitar con toques de