RUBI MONTENEGRO
Ya estaba despierta desde hacía unos minutos, pero la luz blanca de la habitación del hospital hizo que mis ojos ardieran tanto que tuve que cerrarlos de nuevo. Mi cabeza latía levemente, como una resaca molesta, y todo mi cuerpo parecía adolorido.
Fue entonces cuando escuché la puerta abrirse y pasos apresurados acercarse.
Mantuve los ojos cerrados mientras alguien jalaba la silla y se sentaba a mi lado. Sentí una mano grande y cálida acariciar mi cabello y escuché la voz ronca