ARES BECKETT
Me acomodé el moño de mi esmoquin por milésima vez, sintiendo que la tela casi me asfixiaba. El aire acondicionado de aquella hermosa propiedad estaba a la temperatura perfecta, pero yo estaba sudando frío.
Jalé el puño de mi camisa y miré mi reloj suizo. El minutero parecía burlarse en mi cara. Ya estaban retrasadas. Valentina debería haber llegado con Rubi hace exactamente veinticinco minutos.
Miré a mi alrededor, intentando calmarme. El escenario estaba perfecto, exactamente com