CAPÍTULO — El hombre que llegó tarde
Manuel Castro había pasado la Navidad solo, en una casa demasiado grande para un hombre que ya no tenía a quién esperar, envuelta en un silencio denso que apenas se quebraba por el sonido torpe de un vaso apoyándose sobre la mesa y por una música antigua que salía de una radio olvidada en la cocina, encendida horas antes por la señora de la limpieza que ya se había ido, dejando atrás ese eco doméstico que ahora parecía una burla. Frente a él, apoyada contra