CONTINUACIÓN
“Las pruebas”
(Parte final — La herida que vuelve a sangrar)
Manuel Castro permaneció de pie frente a su hijo, con ese álbum en la mano como si fuera un salvavidas. Samuel no se movió. No respiró. Ni siquiera parpadeó. Lo único que hacía era sostener esa mirada que pretendía reconocerse y no lo lograba.
—Samuel… —repitió Manuel, con la voz más suave—. Yo no sabía que existías. Te juro por tu madre que no sabía.
Samuel apretó la mandíbula.
Victoria sintió el cambio: esa rigidez