CAPÍTULO — “El amigo que no sabía guardar distancia”
El silencio entre Samuel y ese desconocido era espeso, incómodo, casi eléctrico.
—¿Prometido? —repitió Julián Díaz, inmóvil—. ¿Qué prometido?
Lo dijo sin maldad, pero con esa risa suave de la gente que está demasiado acostumbrada a ser bienvenida en todas partes.
Y que jamás se imagina que puede estar incomodando a alguien.
—Victoria nunca me dijo que se había comprometido —añadió, con un tono casi burlón—. Perdón… pensé que era un c