Al abrir los ojos, un espantoso dolor de cabeza apareció. Me puse la almohada en la cara y me quedé así un par de minutos. Ayer había perdido la conciencia por completo. Tiré la almohada a un lado y me levanté de la cama como pude. Fui al baño y me lavé la cara con agua fría. Me miré al espejo y hice una mueca de disgusto; me veía realmente horrible.
La puerta de mi apartamento empezó a sonar, y de inmediato mi dolor de cabeza empeoró. Caminé hacia la puerta y la abrí. Era Debbie con una taza e