Volvi a la oficina, ya que Kat no me había dejado explicarle nada y se habia ido; ya más tarde, con calma, le contaría lo que habíamos decidido hacer.
— Todos están de acuerdo en reducir un poco su sueldo — me dijo.
Yo asentí con la cabeza. Con la venta de mi apartamento, podíamos costear lo que nos faltaba. Si mi padre creía que iba a presionarme con el dinero, estaba muy equivocado.
— ¿Qué te dijo Kat? — me preguntó Jona.
— No pude alcanzarla. Cuando salí, ya se había ido. Pero hablaré con