Grace se acercó a mí y me abrazó con fuerza. Yo lloré en su hombro como una niña pequeña; el golpe en mi mejilla no dolía tanto como el dolor que sentía en el alma.
— ¿Por qué lo hiciste, Kat? Ustedes no merecían algo así — me dijo ella mientras me apretaba más a su cuerpo.
Yo empecé a sollozar, sin poder responder, no me sentía en la capacidad de hablar; las lágrimas y el enorme nudo en la garganta me lo impedían.
— Me odia — alcancé a decir.
Grace me separó de ella y me miró a los ojos; de