Hasta que mueras.
El silencio que siguió después fue casi abrumador, Anya estuvo a punto de llorar de nuevo, pero se contuvo.
La culpa que sentía no le permitía sostenerle la mirada y Edward lo notó, buscó su mirada una y otra vez, pero ella solo lo miraba de reojo.
—¿Sabes? —Comenzó a decir en un sollozo antes de aclarar su garganta para hablar con fluidez—. Nunca pensé que mi mamá estuviera con vida.
—Lo sé. —Dijo él sin más. No entendía por completo lo que pasaba o porqué hablaba de su madre en un momento co