Corazón roto.
Tan pronto como Edward salió de la casa de los Castelli, sus guardaespaldas lo siguieron apresurados tratando de seguirle el paso. Entró a su vehículo sintiéndose un fracasado, sentimiento al que el poderoso CEO no estaba acostumbrado. Los guardias le siguieron en otros dos vehículos detrás.
La decepción le quemaba la garganta, sentía que ya no era quién para imponer órdenes, pero no podía dejarse caer, necesitaba enmendar sus errores. Estaba determinado a hacer lo correcto y recuperar a su fa