145. Son nuestros hijos.
El corazón de Michael se heló al ver el carrito gemelar que empujaba Hanna. Al posar la vista sobre los dos bebés que descansaban en él, su corazón comenzó a latir con fuerza, inundándolo de una emoción indescriptible. Sus ojos se llenaron de lágrimas al contemplar a aquellos pequeños seres que eran una parte de él, que compartían su sangre y fueron concebidos gracias a su amor por su madre
Con pasos temblorosos, se acercó al carrito, incapaz de contener la emoción que lo embargaba. Extendió u