77. Narra Anastasia
La claridad de la mañana se filtraba suavemente a través de los enormes ventanales de la habitación, pintando franjas doradas sobre las sábanas oscuras y el suelo de madera noble. Lo primero que percibí al abrir los ojos no fue el frío habitual de mi departamento ni la urgencia del despertador, sino una sensación de paz tan absoluta y desconocida que me costó asimilarla.
Estaba envuelta en un calor familiar y seguro. Un brazo firme, pesado y posesivo pero lleno de una ternura infinita me rodea