72. Narra Anastasia
Había pasado una semana desde aquella tarde en la que conversé con Jord bajo la luz de las farolas del campus, cerrando de forma madura y sincera una etapa que ya no tenía futuro. En esos días, mi rutina sehabía asentado en una calma desacostumbrada. Me levantaba temprano, conducía mi sencillo y compacto auto gris hasta el campus universitario, cumplía con mis labores de asistente en el equipo de fútbol americano con profesionalismo, y por las tardes regresaba a mi pequeño departamento. Estaba