63. Narra Maverick
El silencio que se cernió sobre el despacho tras mi pregunta fue tan denso que parecía comprimir las paredes de cristal del piso cincuenta y cinco. Dakota dejó de tiritar casi al instante. La tensión en su rostro se transformó en una mueca de fría resignación, seguida por una sonrisa cínica que rozaba el descaro absoluto. Enderezó la espalda, cruzó las piernas con absoluta soltura y me devolvió la mirada con una frialdad escalofriante.
—¿De verdad tienes el descaro de interrogarme, Maverick? —r