64. Narra Anastasia
El campus universitario a primera hora de la mañana tenía un aroma inconfundible a hojas húmedas, café recién hecho y una vibrante energía juvenil que me recordaba por qué había decidido plantar mis raíces en este lugar. Caminaba por el sendero principal de adoquines, con la carpeta de proyectos bajo el brazo y una bufanda de lana ligera enrollada al cuello para protegerme de la brisa matutina. A mis veintiún años, la vida finalmente parecía seguir un compás propio, armónico y desprovisto de la