21. Narra Anastasia
El viernes en MAVE amaneció con un aire que se podía cortar con un cuchillo. Después de lo ocurrido en el banco, Maverick se había convertido en una sombra de sí mismo: más callado, más gélido y, sobre todo, más presente. No me había quitado el ojo de encima ni un solo segundo. Cada vez que me levantaba para ir a la impresora o llevarle un documento, sentía su mirada clavada en mi espalda, un peso invisible pero sofocante.
Ya no era solo el jefe que dictaba órdenes; era un hombre que me estaba