22. Narra Anastasia
La noche del viernes fue un tormento de insomnio. Cada vez que cerraba los ojos, veía la mirada de Maverick en la terraza, ese hambre de posesión mezclada con una terquedad que rayaba en la locura. Él me había dado una salida, una "protección" dorada que, en el fondo, solo era otra forma de encierro. Sin embargo, al mirar mi cuenta bancaria y pensar en la vida precaria que llevaba, entendí que no tenía el lujo de la rebeldía.
Aceptaría el trato. Pero no lo haría como una sumisa. Lo haría bajo m