El aroma del té flotaba en el aire, pero para Marlon, cada sorbo sabía amargo. Mirando a su hija, a quien no veía desde hacía cuatro años, su voz resonó con un peso que era difícil de ocultar:
—Has vuelto hace días... ¿Por qué no traes a Leonardo a casa?
Dulcinea dirigió su mirada a Frank.
Él se levantó inmediatamente y se alejó, fingiendo interés en los libros de la galería.
Dulcinea volvió a mirar a Marlon y respondió en voz baja: —No es lo adecuado.
—¿Qué no es adecuado? Matteo ya está casado