Capítulo 857
Luis no encendió la luz.

Se sentó al borde de la cama, observando a su único hijo bajo la tenue luz que se filtraba por la ventana.

Después de un rato, extendió la mano y tocó suavemente la mejilla de Leonardo.

El niño se dio vuelta, quedando boca arriba.

El puente de su nariz, recto y delicado, y la inocencia en el rabillo de sus ojos, le recordaron a Luis a Dulcinea cuando tenía poco más de veinte años... Todos esos recuerdos lo golpearon de nuevo, como si una daga se clavara en su corazón, ha
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