Después de hacer el amor,
se abrazaron, respirando con dificultad, una vez no fue suficiente.
Pero ninguno quería otra ronda.
Se quedaron en silencio, abrazados, digiriendo la alegría de saber que Alegría podía ser operada. En ese momento, sus cuerpos y almas estaban en sintonía.
Después de un rato, cuando el sudor se enfrió,
Luis besó suavemente sus labios, con voz ronca preguntó:
—¿Tú y Cristiano...?
Quería saber hasta dónde habían llegado.
A los hombres les importa eso.
Pero antes de terminar