Ella no quería.
Pero él se acercó y, suavemente, la levantó del lavabo, llevándola a la ducha. Sin quitarle la ropa, la ayudó a bañarse, usando sus manos para enjuagarla...
El vapor del agua los envolvía, separándolos de medio año de separación.
Luis seguía ardiendo, pero su control era impresionante.
Primero la lavó a ella, luego le pasó una bata blanca:
—Ve a la habitación y cámbiate la ropa mojada. Cuando termine, hablamos.
Dulcinea seguía temblando,
Tomó la bata sin decir una palabra.
Luis l