Luis esbozó una sonrisa amarga.
Mientras Clara preparaba el desayuno, él se dirigió a la habitación de los niños.
La luz del amanecer entraba suavemente por la ventana.
Ambos dormían profundamente, con Alegría durmiendo de cara arriba y Leonardo abrazándola como si fuera un pequeño osito de peluche.
Luis se sentó en el borde de la cama y acarició suavemente las mejillas de sus hijos.
Leonardo, aún dormido, abrazó a su hermana más fuerte, mientras Alegría, medio despierta, movió sus labios como b