El joven, aunque evidentemente excitado, respetó su deseo.
Se levantó y Dulcinea le extendió un cheque.
—Toma este dinero y sal del país. No regreses en dos años.
El joven miró el cheque de 500 mil dólares, sorprendido.
Luego, observó a Dulcinea con una mezcla de agradecimiento y compasión. Intuía que la mujer frente a él no buscaba solo compañía, sino que trataba de lidiar con un dolor profundo.
Le dio las gracias en voz baja y se marchó.
Media hora después, Luis recibió un mensaje de Dulcinea.