Pero Luis no escuchó.
Su mente estaba enfocada en Sylvia, se fue apresurando, sin saber que su esperada hija había muerto en el vientre de su madre…
Salió furioso.
Mientras Dulcinea, sola, soportaba el dolor del aborto, su cuerpo temblaba y se tambaleaba, sosteniéndose el vientre mientras veía las gotas de sangre manchar lentamente la alfombra oscura.
Lo encontraba irónico, poco antes, él la había abrazado diciendo:
«Dulci, vivamos bien», y ahora, por Sylvia, le había dado una bofetada.
Sus prom