En el vestidor de la mansión, Luis y Dulcinea estaban jugando.
Ese día, ella llevaba un vestido plateado con flecos, su cuerpo delgado y pálido se ajustaba perfectamente al lujoso tejido, destacando su elegancia. Sus brazos y el escote eran especialmente llamativos.
El amplio espacio estaba rodeado de espejos.
La figura fuerte de Luis hacía que Dulcinea se viera aún más delicada. Los gemidos suaves y suplicantes de ella encendían los ojos de Luis, que no dejaba de acariciar su cuerpo. Su voz cál