Al caer la noche, todos en la casa ya estaban dormidos.
Los niños también.
Dulcinea estuvo ocupada hasta tarde, y fue hasta la medianoche que pudo darse un baño y cuidar su piel. Mientras se aplicaba los productos, Luis no pudo resistir y se levantó de la cama. La abrazó, inhalando profundamente el aroma de su cuello, su voz ronca:
—Te has tardado un montón, déjame ayudarte.
Dulcinea le pasó una botella de aceite esencial.
Luis aprovechó para recorrer con sus manos todo su cuerpo, tocando cada r