Clara lloraba de alegría.
Cuando Luis no estaba,
Clara se sentaba junto a la cama y la consolaba: —Su salud ha mejorado mucho. Por el bien del señorito Leonardo, siga adelante, señora. La vida no tiene si hubiera, ni segundas oportunidades.
Dulcinea se recostaba en la cabecera.
Leonardo jugaba con un pequeño huevo de dinosaurio, riendo, mostrando sus dientes blancos… Estos momentos le daban vida a Dulcinea.
Clara secaba sus lágrimas: —Su salud está mejorando, y el señor seguro se calmará. Además