Dulcinea estaba recostada, muy tranquila.
La ventana no estaba completamente cerrada y una brisa fría entraba, enfriando aún más su frágil cuerpo.
Ella escuchó todo, oyó a su esposo decidir enviar al donante de córneas a Alemania porque Sylvia también estaba enferma.
Sylvia necesitaba un corazón.
El Dr. Allen había dicho que podría quedar ciega, pero Luis insistió.
Era ridículo. A pesar de todo, él decía que la amaba, que quería rehacer su vida con ella, que serían felices…
Dulcinea se mantuvo i