Dulcinea sonrió levemente, diciendo que eso era bueno.
No podía verlo, así que solo podía tocar su manga con los dedos.
Para Dulcinea, en ese momento, Leandro representaba una época, un periodo no tan difícil. Después de que Leandro fue herido, ella cayó en el infierno.
Sin embargo, no se arrepentía; esos fueron tiempos vivos.
En esos días, había vivido como una persona, sin mentiras.
Pero había arrastrado a Leandro con ella.
Leandro observaba su rostro delgado, en el cual ya no podía encontrar