Al atardecer, el crepúsculo caía.
Sin embargo, el mundo de Dulcinea estaba sumido en la oscuridad total; no podía ver la luz del amanecer ni los colores del ocaso… tampoco podía ver a su pequeño Leonardo.
Luis no estaba, así que Clara llevó a Leonardo a la habitación. Clara guio la pequeña mano de Leonardo para que tomara la de su mamá.
Con lágrimas en los ojos, Clara dijo:
—Leonardo, dile algo a mamá.
La mano fría de Dulcinea tomó la cálida manita de Leonardo, pero temiendo que el frío de su ma