Luis sostuvo su rostro con las manos, el calor de sus palmas contrastaba con el frío de ella, su voz era un sollozo:
—Pero, Dulcinea, ¿acaso no me importa? ¿Crees que no me importa Leandro?
Al principio, sus sentimientos por ella eran falsos, pero luego se volvieron reales.
Pero ella… no le daba una oportunidad.
Solo quería morir.
Luis lentamente apoyó su rostro contra el de ella, y después de un momento, las lágrimas cálidas llenaron el espacio entre ellos…
En ese momento, no se sabía de quién