—No, no estarás solo. Me olvidaba de que tienes a Sylvia.
Dulcinea, con una sonrisa vacía, continuó:
—Ese día, dijiste que volverías en una semana, pero estuviste fuera un mes. Estabas con Sylvia, ¿verdad? Si tanto la amas, ¿por qué no le das su lugar? ¿Por qué molestarte en decirme que me amas, que quieres pasar el resto de tu vida conmigo?
—Pero ¿sabes algo? No quiero verte ni un segundo más.
—Ojalá nunca te hubiera conocido.
—El único inocente aquí es Leonardo. Me duele que tenga un padre bio