Capítulo 641
Luis lo tranquilizó y luego, mirando hacia abajo, preguntó:

—Dulcinea, en tu corazón, ¿qué somos?

—Prisioneros.

La voz de Dulcinea era tenue:

—Luis, no soy tu amada, solo soy tu prisionera.

Otra ráfaga de viento nocturno sopló,

Luis se estremeció, sintiendo un frío en la espalda.

Esa noche, durmió en el estudio.

Tuvo un sueño.

Soñó que Dulcinea se iba, llevándose a Leonardo y todas las bufandas y suéteres que le había tejido… El dormitorio estaba vacío, solo un velo flotaba suavemente.

—¡Dulci
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