Él había sido brutal, dejando rastros por el sofá, la alfombra, incluso en el gran ventanal, donde había manchas de su sangre…
Pero Luis no se dio cuenta, solo se preocupaba por su propia satisfacción. No sabía que ella estaba muriendo.
Esa noche, Luis no volvió.
Dulcinea, acurrucada en la fría cama, miraba la luz de la luna a través del cristal.
Comenzó a contar los días que le quedaban.
Pensaba que si se quedaba con Luis, moriría rápido… tal vez en seis meses, o tal vez en dos o tres meses, de