Sin piedad, la destruyó.
Dulcinea abrió los ojos con sorpresa, sus manos pálidas presionadas contra el vidrio frío, mirando las luces de neón de la ciudad, tan brillantes y coloridas…
Y ella, en ese momento, tan humillada.
¿Este hombre detrás de ella, que la estaba sometiendo con tanta crueldad, era Luis? ¿Era el Luis al que una vez amó? Al principio, ni siquiera quería tocar un cabello de ella, y ahora la trataba como a una prostituta, presionándola contra la ventana.
—Luis…
—Luis…
Tosió unas v